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El complejo proceso de crecer en la adolescencia
Es común escuchar que la adolescencia quiere decir:“adolecer” de cosas, o que: “faltan” cosas.
Silvia Inés Darrichón - Sexóloga Educativa
 
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Una de las acepciones a la palabra adolecer es aquella que la define como “caer enfermo o sufrir alguna enfermedad” desprendiéndose del origen de los vocablos ad y doler. “La juventud es una enfermedad que se cura con los años”, es una frase que oímos a menudo pero con la cual no estamos para nada de acuerdo, no creemos que nadie opine que ser joven es algo enfermizo.

El significado de adolescencia en el diccionario dice: “edad de tránsito de la niñez a la edad adulta”.

La otra acepción de la palabra, es la que más se acerca, sin duda, a lo que es un adolescente. Dice que adolecer es crecer, tomar aumento aún sin advertir; esto si tiene sentido y es de donde nace el bello vocablo ADOLESCENTE.

“La adolescencia es tierra de nadie”. “Los/as adolescentes no son niños/as ni adultos”, sentencian viejos refranes que sintetizan el saber popular de una realidad común: El tránsito de la niñez a la vida adulta. Esta etapa no ocurre de inmediato ni está marcada exclusivamente por los cambios de la pubertad sino, también, por un lento proceso de aprendizaje. Sin embargo no podemos olvidar que constituyen un grupo bien definido, con características propias e identidad.

Crecer es aprender y aprender es cambiar. Cambia el individuo y sus relaciones con los demás; es un proceso de toda la vida que se inicia en los brazos protectores de la madre y continúa con la adquisición de matices diversos de autonomía.

Crecer en la adolescencia es un tránsito difícil no sólo para los/as adolescentes sino, también, para los adultos. Ellos y ellas viven la ambivalencia de ser niños y niñas y adultos a la vez. No saben identificar aquellas cosas de la infancia que les dificulta el crecer, pero tampoco saben distinguir por sí solos estas dificultades en los nuevos espacios que exploran en su afán de ser “grandes”.
En esas contradicciones participan los adultos intentando comprender y estableciendo normas, pero ellos también están confundidos porque significa un aprendizaje costoso y difícil. Por un lado los padres y las madres comprenden que sus hijos o hijas están cambiando y necesitan nuevos espacios de interacción fuera de la familia y sin ayuda pero, de otro, los culpan de no ser tan cariñosos y tranquilos como antes, y de alejarse de la familia. También experimentan el placer de crecer de sus hijos pero, a su vez, quisieran retenerlos como cuando eran pequeños y los siguen tratando como tales.

Se vive la adolescencia con temores y osadías, aciertos y fracasos, errores, en un constante recorrido que demanda comprensión, apoyo, confianza y diálogo fraterno. Ciertas equivocaciones pueden provocar angustias e insatisfacciones pasajeras.

La adolescencia, etapa de proyectos personales e intensos esfuerzos por ganar espacios nuevos de autonomía, promueve la ruptura de viejas normas y la búsqueda de otros modelos. Con frecuencia se ven en la disyuntiva de tomar decisiones que no siempre son responsables. Algunas suelen ser peligrosas

Para algunos jóvenes, la adolescencia es una etapa difícil porque se sienten confundidos, observados y vigilados; otros piensan que es el mejor momento de la vida porque pueden hacer lo que quieren y no tienen las responsabilidades de los adultos. Para los jóvenes de ambos sexos, la adolescencia marca también un tiempo lleno de cambios y de elecciones. Las decisiones complejas que tienen que tomar y los problemas por resolver, son retos del crecer.

Muchas veces, los/as adolescentes se preguntan: ¿Quién soy?. Indudablemente, no es sencillo de responder y para ello se necesita tiempo. Esa respuesta llegará poco a poco cuando la adolescencia se vaya transformando en juventud y, posteriormente en adulto joven.

Así mismo, la adolescencia es un momento de la vida en la que se empieza a comprender el mundo en que nos ha tocado vivir y, al mismo tiempo se adquieren nuevos conocimientos y técnicas que le sirven de modo diferente.

Los adolescentes ya no aceptan como única verdad la que le dicen sus padres sobre lo que se debe y no se debe hacer, lo que es bueno y lo que es malo, cuales son las personas que valen y cuales no, etc. Se adaptan cada vez más a su medio y logran ir confirmando su propio criterio.

Con frecuencia los/as adolescentes interpretan el crecer como la libertad sin responsabilidades. En esta etapa se le dice adiós a muchas cosas de la infancia y que, a veces, provocan nostalgia, pero que si no se dejan les impiden ganar en autonomía para realizar nuevos proyectos y hacer nuevos vínculos en “el afuera”, pero también, que hay aprendizajes valiosos en la infancia de los que no se puede prescindir.

Por otro lado crecer no significa darle la bienvenida a todo lo que seduce desde “el afuera” porque, a veces, lejos de ganar en autonomía se cambia una dependencia por otra, por ejemplo, se cambia el biberón por la cerveza o el chupete por el cigarrillo y esto tampoco les permite crecer.

Es muy importante que perciban que el “afuera” ofrece aprendizajes y modelos que facilitan el crecer, pero otros que lo dificultan como la bebida y otras drogas, el cigarrillo, la pasividad ante los problemas, el facilísimo, el fraude, la falta de honestidad, entre muchas otras.

Una de las maneras de ubicarse en el “afuera” es como lo hacen desde su condición de género, es decir, como muchachos y como muchachas, con toda la carga sociocultural de los estereotipos sexistas.

Es importante conducir a la reflexión crítica de los modelos tradicionales de hombre y de mujer, de los esquemas tradicionales de familia y pareja.

Cuestionar lo injusto de los papeles socialmente asignados al hombre y a la mujer, analizar su efecto en la vida personal, familiar y social y buscar maneras de modificarlos, son pasos importantes del crecer.

CENESEX Centro Nacional de Educación Sexual
La Habana, Cuba

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