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Cuando la sexualidad pasa a ser una rutina...
Según el diccionario, la rutina es una costumbre y una manera de hacer algo en forma mecánica y usual. Es decir que son aquellas cosas que hacemos muchas veces, más o menos sin pensarlas mucho y que generalmente constituyen una obligación, algo que no disfrutamos mucho haciéndolo y que por lo tanto no ansiamos obtener...
Dr. Eduardo Arnedo
 
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Si pensamos en el encuentro sexual como algo que forma parte de la rutina, entonces estaremos despojándolo de aquello que precisamente le confiere su principal atractivo: la capacidad de “provocar placer y goce”. Si hay rutina, el deseo sexual se debilita, pasa a un segundo plano, o se deposita en otra persona que promete satisfacerlo.

El placer y la comunicación en la intimidad estimulan el crecimiento del vínculo afectivo en pareja. En ocasiones, el amor erótico «amor y atracción en pareja» es sustituido por un amor fraterno, con lo cual la posibilidad de que haya deseo sexual es nula.

Muchas parejas sienten que con el paso del tiempo, la sexualidad se vuelve rutinaria y creen que para esto no hay solución posible. Sin embargo, estas parejas ya han dado un gran paso: reconocieron que el problema no es la falta de deseo sino el hecho de que la sexualidad no resulta atractiva para ninguno. Seguramente tienen encuentros sexuales breves, poco imaginativos y repetitivos. En definitiva, alejados del erotismo como consecuencia de una vida sexual entendida y llevada adelante de una manera no apropiada. Si a todo esto le sumamos la incapacidad de comunicar al otro lo que nos gusta en la intimidad, los cambios que los cuerpos sufren con el paso del tiempo, el estrés y los problemas cotidianos, entonces la sexualidad pierde todo interés y por lo tanto el deseo se extingue.

¿Cómo se llega a esta realidad?
Durante los primeros años de la relación todo resulta atractivo y novedoso. Si no mantenían relaciones antes de casarse, era excitante solamente el pensar en lo que vendría después de los besos. Si ya las tenían, la transgresión que eso implica las hacía mucho más interesantes. Luego, cuando esa pareja se consolida en el matrimonio o en la convivencia, la sexualidad es legitimada, ya no está prohibido hacerlo, sino que ahora constituye casi un deber, una obligación; se pasa del “no se dice, no se hace, no se toca” al ... “se dice, se hace, se toca”. La transgresión se va debilitando y por lo tanto el erotismo de aquella sexualidad prematrimonial se esfuma. Así y todo, en los primeros años el cuerpo aún es joven y excitante, por lo que explorar lo tan largamente deseado es todavía placentero.

Poco a poco, si no se buscan nuevas formas de intimidad sexual, el erotismo se pierde detrás de los quehaceres cotidianos. Así como se corta el césped el fin de semana, la sexualidad pasa a ser otra tarea más “«hoy nos toca»”. La sexualidad ya no aparece cuando se tienen ganas, sino cuando la rutina lo permite, y algo rutinario siempre termina siendo poco atractivo.
Este contexto se acentúa con la llegada de los hijos. Lamentablemente muchos dejan de lado la intimidad de la pareja para volcarse a ser padres sin recortar adecuadamente los espacios ni los tiempos para la actividad en pareja. Otro factor que contribuye a su deterioro es el estrés por los problemas cotidianos, algo cada vez más común en sociedades complejas como la nuestra. Las personas estresadas ignoran que en situaciones de tensión el cuerpo libera grandes cantidades de prolactina, hormona que inhibe el deseo sexual.

¿Qué se puede hacer para modificar ésta situación?
Como vemos, sexualidad rutinaria y erotismo no pueden ir juntos. Pero decirlo es, en la gran mayoría de los casos, más fácil que hacerlo. Sucede que en nuestra cultura las personas no están educadas para vivir su sexualidad en plenitud; no estamos educados para el placer, hecho que se traduce en no pocas dificultades cuando se llega a la intimidad con la pareja.
Para muchos matrimonios toda relación sexual tiene que terminar en un coito, no se permiten, por ejemplo, solamente en el juego erótico por sí mismo. Cada vez que se tocan están pensando en que hay que terminar y creen que el otro así lo desea. Esto implica una ausencia total de comunicación acerca de lo que cada uno espera de la relación. Por esta razón, es fundamental que se pierdan los miedos, los tabúes que nos han enseñado desde chicos y que ahora nos limitan precisamente cuando más debemos dejarnos llevar por la imaginación.
La falta de comunicación es también consecuencia de la cultura. La doble moral en torno a la sexualidad femenina es un ejemplo claro; hay dos tipos de mujeres: “las buenas”... ellas son esposas, madres o hermanas; mujeres decentes alejadas de los placeres y de las que se espera que ignoren todo lo relativo a lo sexual; son “legitimadas” como mujeres por el hecho de ser madres. Después están “las otras”, la mujer donde se deposita el placer y que se encuentra fuera de la casa y de la familia. De acuerdo a esta mentalidad, tanto hombres como mujeres se ven condicionados en el momento de buscar el placer o de fantasear en los juegos eróticos, se autocensuran pensando que el grado de decencia, de recato y de respeto por el otro pasa por ser más o menos reprimidos.
Por suerte esas cosas están cambiando y la mujer ya acepta el placer como algo lícito, no se conforma poniendo el cuerpo para el goce del varón sino que se pregunta por ella misma y por lo que obtiene de la sexualidad. La “mujer útero” comienza a tener menos miedo de explorar su cuerpo, pasa a ser una mujer sexuada capaz de pedir lo que necesita en la intimidad. Esto implica asumir una libertad para ella misma que también libera al hombre del temor de quedar mal con su pareja, del tener que “adivinar” lo que ella necesita. La comunicación poco a poco se va haciendo más fluida, lo cual alivia las tensiones y crea el clima propicio para descubrir y re-descubrir nuevos caminos para el placer.

¿Qué pasa con la sexualidad después de “cierta” edad?
Una creencia muy popular es que lo divertido es cosa de jóvenes; la gente grande “ya no tiene ganas ni fuerzas para eso”. La verdad es que el erotismo puede mantenerse vivo más allá de los años que se haya estado con una misma persona y de los que carguemos en nuestras espaldas, pero para poder vivirlo de esa manera es necesario dejar de lado las culpas, los miedos infundados, para así animarnos a disfrutar de nuestro cuerpo y disfrutar del otro.
El deseo no muere con el paso del tiempo pero sí con la falta de estímulos apropiados. Las personas que ejercitan su sexualidad y que sienten placer en la intimidad, son quienes mantienen el deseo abierto durante mucho más tiempo que aquellas que tiene una vida sexual pobre. El deseo y la sexualidad no escapan a una ley de la medicina que dice que “la función hace al órgano”, de allí que la intimidad sexual requiera de la creación y re-creación permanente. No se puede poner el erotismo en “piloto automático”. Por el contrario, si se trata de una sexualidad creativa, con comunicación y lugar para el juego, donde cada uno se permita llegar a donde tenga ganas y no necesariamente al orgasmo o al coito, entonces se acercaran a la vivencia de una sexualidad más plena.

Las claves para no aburrirse:
* Habitualmente las parejas que tienen una buena intimidad tienen una excelente comunicación en la intimidad.
* El deseo se enciende si hay una cuota de “transgresión” en las relaciones. Este se retroalimenta a si mismo en función al placer que se obtiene.
* Postergar el momento de satisfacción del deseo sexual puede ser una manera de avivarlo y de obtener más placer.
* Rescatar “el cortejo” como una parte importante de la conducta sexual, que habitualmente desaparece en el matrimonio o la convivencia.
Prestar atención al cuidado personal. Muchas parejas no cuidan detalles que durante el noviazgo sí eran importantes: perfumarse, cuidar el aliento, estar limpios y afeitados.
Es importante que cada pareja internalice y aprenda cosas creativas en la intimidad, juegos, situaciones novedosas que despierten el interés, resultan atractivas para ambos y facilitan la comunicación. Como, por ejemplo, compartir un cuento o libro erótico.
* Participar de talleres de enriquecimiento puede ser un modo de abrir canales nuevos de comunicación que nos acerquen a nuestra pareja. Para ello es necesario contar con profesionales formados en el campo de la sexualidad humana.
Recordar que nuestro órgano sexual más importante no está en nuestra pelvis, sino entre nuestras orejas... se llama cerebro.

 Solicitar info por mail |  Fecha:16/04/2009 15:10:31
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