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SER VARÓN... SER MUJER... sólo una cuestión de cromosomas?
Hace no mucho tiempo se tenía la convicción de que había dos caminos en el proceso de diferenciación sexual. El camino XY llevaba directamente a ser varón y el XX a ser mujer. Sin embargo , en la actualidad, y gracias al estudio de aquellas personas que se desviaban de la ruta seguida por la mayoría (transexuales, travestis, hermafroditas, homosexuales, etc.), se conoce que en realidad existe un solo camino y con una serie de bifurcaciones en diferentes momentos críticos del desarrollo, en lo que se dio en llamar “proceso de sexuación”.
Dr. Eduardo Arnedo
 
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La primera bifurcación es justamente la cromosómica: XX o XY. Sabemos que los espermatozoides pueden aportar un cromosoma X o Y, mientras que el óvulo siempre aporta un cromosoma X.
La segunda bifurcación es la gonadal. Si el embrión tiene cromosomas XY, las gónadas indiferenciadas reciben una señal del cromosoma Y, para transformarse en testículos. Si por alguna razón falla esta señal, las gónadas se diferenciaran en ovarios, aunque el embrión sea XY. Es pertinente recordar que los varones se desarrollan dentro del cuerpo de una mujer, de modo que deben producir sus propias hormonas para seguir la ruta masculina; esto explica que sean más frecuentes las alteraciones en el desarrollo masculino. La naturaleza parece haber dotado a la mujer como base para nuestra especie.
Una vez diferenciadas las gónadas en testículo u ovarios, la puerta de esta bifurcación se cerró, de modo que los testículos ya nunca podrán ser ovarios y viceversa.
Luego, los testículos producen los andrógenos prenatales (hormona masculina) que estimula el desarrollo de los genitales internos y externos en el sentido masculino. Hay casos, felizmente poco frecuente, en los que este empuje falla, ya sea por defectos en los andrógenos prenatales o en sus receptores; de modo que los genitales se desarrollaran en el sentido femenino aunque sea cromosómicamente XY.
Los embriones femeninos, no necesitan un empuje para el desarrollo de los genitales internos y externos, ya que las hormonas femeninas de la madre favorecen su desarrollo. Si por alguna patología de la madre (tumores suprarrenales, medicación inadecuada) algunas sustancias actúan como hormonas masculinas ocupando los receptores, produciendo una masculinización del embrión.
En esta etapa prenatal del proceso de sexuación, la impregnación del cerebro con andrógenos, en el caso de varones, lo que produce es el descenso del umbral de aprendizaje postnatal para conductas propias del género, que de hecho son predisponentes, pero no determinantes.
Como vemos el proceso de diferenciación en esta etapa prenatal, es bastante más complejo de lo que se supone; a pesar de ello, la mayoría de la personas atraviesa satisfactoriamente estas bifurcaciones del proceso de sexuación y logra una diferenciación adecuada.
Al nacer, cuando nos asignan como niño o niña, lo que depende de tener un pene o una vulva, nuestro cuerpo esta diferenciado, pero no nuestro cerebro.
Los seres humanos nacemos sexo-eróticamente inacabados, incompletos. De hecho somos la especie más incompleta; eso explica nuestra gran vulnerabilidad y dependencia en los primeros años de vida. De allí, que sea tan importante para un desarrollo adecuado una estimulación adecuada.
Nacemos incompletos para deambular, controlar esfínteres, hablar, etc.; y nuestra familia, y luego la escuela se ocupan de estimularnos para realizar aprendizajes en estas etapas críticas del desarrollo.
Cuando nacemos nuestro cuerpo está diferenciado, pero no nuestro psiquismo. Sentirse varón o mujer es algo que va tomando forma en nuestro cerebro, basados en la observación, la educación y la propia experiencia. Se nos dice qué debemos esperar de nosotros mismos y cómo relacionarnos con los del propio sexo. Y qué debemos esperar del otro sexo y como reaccionar ante ellos. Llegamos a la identidad de género de modo muy similar que al lenguaje. Nacemos con circuitos cerebrales para el lenguaje, pero no para un lenguaje particular. No sería posible hablar si no tuviéramos boca, cuerdas bocales, oídos y los caminos cerebrales. Pero no basta con esto, debe haber un factor desencadenante, y es el medio ambiente, que debe aparecer en el momento adecuado.
Como la identidad genérica se diferencia antes de que el niño pueda hablar de ella, se suponía que era innata. Nacemos con "algo" preparado que luego será la identidad de género. Esta no podría diferenciarse en masculina o femenina sin estímulo social. Este será nuestro género nativo y lo seguirá siendo hagamos lo que sea para modificarlo.

 Solicitar info por mail |  Fecha:10/03/2009 9:44:57
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